El caso es que en el transcurso de la misma, cuando unos estaban en su ensimismamiento cuasi místico y otros nos esforzábamos por encontrarlo, se empezaron a oír en la lejanía lo que parecían los lamentos de dolor de una mujer.
En la montaña es fácil no calcular bien las distancias y aunque los intrigantes gritos no se oían muy lejos, no sabría decir exactamente de dónde provenían.
Pasados unos segundos, casi todos que estábamos atentos a los gritos, ya sabíamos que esos lamentos de no eran precisamente de una comunión con el dolor. Las sonrisas empezaban a asomarse por las caras, pero claro estábamos en un acto de unión espiritual con la "fuerza", y eso curiosamente ayudaba a que las ganas de romper a reír fueran todavía más fuertes.
Antes dije, que casi todos sabíamos a qué venían los lamentos, y eso nos salvó de reventar por la represión de la risa, ya que en ese momento de silencio incómodo, nuestra querida Yoli, que no tenía por aquellos tiempos "la mirada sucia" como el resto... suelta en voz alta y todo preocupada, "hay que ver lo mal que lo está pasando esa chica, parece que la están matando, ¿la ayudamos?". Fue la gota que colmó el vaso, estallamos todos en una gran carcajada que ni en Dolby Surround 5.1, la oración quedó en pausa hasta que paramos de reír... y Yoli preguntando..."¿de qué os reís?".
Bendita inocencia....