¡Qué tiempos aquellos!, años en los que pasar unas vacaciones acampados en la montaña no era un delito. Años en los que el juego al vernos entre chicos y chicas (y algunos que estaban descubriendo sus tendencias) o despedirnos era hacerlo con un piquito (que si me pilla ahora, no sería un inocente diminutivo). Esos años, en los que no sólo Yoli era la representación de la inocencia, yo también tuve un momento "bambi".
Ocurrió en una de esas vacaciones en las que nos tirábamos..., una semana en la montaña en tiendas de campaña, sin sillas, ni mesas y piñas como papel higiénico. Esa semana en una zona arbolada (como si sólo hubiera una), cercana a Miraflores, ya entrada la noche y haciendo un poco el cafre dentro de una de las tiendas, me vi obligado a salir de la misma, debido a la guerra química que se estaba produciendo dentro. Estas tiendas de campaña, tenían la parte interna y el avance. Yo salí fuera y me quedé como a un metro de la misma. En el avance estaban Juan Carlos y María. Yo estaba ensimismado con mi búsqueda de identidad y seguridad en la destemplada noche, cuando empiezo a oir como jadeos, como si a alguien le faltara la respiración. A Juan Carlos y María efectivamente les faltaba la respiración en el avance y no era por el olor infernal de dentro de la tienda. Sencillamente empezaban su etapa de conocimiento carnal. Yo oidos atentos de preocupación pregunto en dirección a la tienda "chicos, respiráis raro ¿estáis bien?". Dentro de la tienda alguien me respondió "siiii... Pablo, estamos bien...."
Pablo Pelechano
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